

El Rato P me insistió en experimentar la vivencia de cultivar como los griegos el cuerpo y el intelecto por el mismo precio en dos horas de gimnasio. Aunque Raul lo escuchó estoicamente mientras levantaba kilos de fierros conversando sobre las artes, las ciencias y las tías buenorras, necesitaron a Miguel y a los Mellizos pa`sacarlo en andas y tirarlo a la calle. Lo que sí se probó, es que tan canijo roedor se puede volver mas pesao que el mercurio.











































